domingo, 23 de mayo de 2010

Humanidad y belleza: el intelectual para Magris

Dejo la cita de Magris sobre el ser intelectual, no hay más:

"No hay ningún título de estudios y ni siquiera ningún nivel de cultura que proporcione necesariamente esa conciencia crítica y autocrítica, esa capacidad de superar la visceral inmediatez, en que estriba la cualidad de intelectual. [...]
Algunos de los mayores autores del siglo han vitoreado a las tiranías más crueles, desde el nazismo al estalinismo; seguimos amando a Pirandello, a pesar de su telegrama de solidaridad a Mussolini tras el asesinato de Matteotti; a Céline, a pesar de sus Bagatelas para una masacre; a Hamsum, a pesar de su adhesión al nazismo; a Éluard y a Aragon, a pesar de su aprobación de los procesos y las ejecuciones estalinistas; seguimos incluso aprendiendo de ellos a entender el sufrimiento y comprendemos el ofuscamiento que alteró su visión de mundo, pero no podemos evidentemente considerarlos, en su desgraciada opción a favor del nazismo, más abiertos e iluminados que los millones de personas sin renombre ni genio poético que demostraron, en aquella ocasión, mucha más inteligencia y humanidad. "

Tomado de Utopía y desencanto.

viernes, 16 de abril de 2010

Arquitectura y Literatura

Esta semana un muy buen amigo me invitó a su escuela a platicar sobre una posible relación entre dos disciplinas: la arquitectura y la literatura. La idea de estas pláticas es, básicamente, que sean dadas por jóvenes, ya sea por profesionales con sus primeras experiencias en el trabajo o por estudiantes -como es mi caso-, y que muestren un poco nuestra manera de ver y entender las disciplinas que trabajamos y queremos.
Yo agradezco mucho a este amigo por haberme dado la oportunidad de presentar en estas pláticas. En primera, por supuesto, agradezco el hecho de que él piense que vale la pena que yo presente algo. En segunda, fue muy agradable y divertido ir a platicar y a escuchar a los demás -todos arquitectos- hablar sobre su concepción de la arquitectura y su relación con la filosofía y con la vida misma. Y, en tercer lugar, agradezco otra cosa de la cual trataré de hablar adelante.
Creo que preguntarnos la relación entre lo que hacemos y alguna otra cosa puede ser muy fructífera. A veces estamos demasiado inmersos en un microcosmos y cuando por alguna razón salimos de ahí, podemos ver ese microcosmos desde otra perspectiva y aprender cosas nuevas desde ahí. En este caso, cuando mi amigo me dijo que pensara en una relación entre la literatura (mi microcosmos) y la arquitectura, me puse a pensar y este pensar me llevó a ver algunas posibilidades dentro de la literatura que quizá ya sabía pero que no había podido explayar o explorar un poco más a fondo. En este sentido fue muy interesante para mí preparar el tema de la platica pues me permitió explorar mi propia disciplina a través de una relación diferente, a través de un paralelo con la arquitectura.
Aquí dejo el texto que preparé, texto plagado de errores y de rarezas por que fue preparado para ser hablado, no leído y que, como cualquier producto de la tradición oral, tiene cosas que no se dijeron y no tiene cosas que sí fueron dichas; incluso falta el dibujo de un estadio pero yo no sé dibujar en la computadora. En fin creo que de todas formas da una idea general de la platica que presenté.

martes, 6 de abril de 2010

Scrubs: In Memoriam

Mijail Bajtín, uno de los grandes teóricos del siglo XX, decía que existe una risa muy particular, una risa que se distingue de la risa tonta y de la risa grosera, por ejemplo, pues esta risa, "la risa ambivalente", como él la llamó, tiene la característica particular de parodiar y hacer burla al mismo tiempo que produce y alumbra nuevas formas, nuevas ideas y nuevas voces. Un buen amigo me ha dicho hace bien poco que Scrubs, mi programa de televisión favorito, ha terminado de una vez por todas; esa es la razón de esta entrada. Y la razón por la que menciono a Bajtín es porque yo pienso que Scrubs es uno de esos programas en donde la risa alcanza ese nivel del que hablaba el teórico ruso.
Todo empieza en el principio. Casi todas las series cómicas gringas utilizan risas grabadas con el "objetivo" -supongo- de guiar al receptor, de decirle cuándo y cuánto (ya que se intensifican cuando sienten que un chiste es buenísimo) tiene que reír. Scrubs no lo hace, Scrubs optó por la libertad, por la decisión del receptor. Para mí esto tiene dos virtudes enormes: la primera es que no es lo suficientemente soberbio como para decidir cuáles de sus chistes son buenos, y, en segunda, deja la risa al espectador, deja que cada quien se ría de lo que quiera y, al hacerlo, deja la risa -o sea, el éxito de la serie cómica- en el receptor, no en sí mismo.
Después viene mucho más. Scrubs enseña que la vida no es unidad, enseña que es mucho más. El escenario de la comedia es un hospital, paradigma de lo serio, los personajes son todos complejos: J.D. es, por ejemplo, a la vez talentoso y a la vez infantil; Dr. Cox es insensible pero a la vez no; Todd es un imbécil y es también un excelente cirujano. Scrubs parodia, además, todos los status quo de la sociedad americana: el hombre obsesionado por el placer sexual (Todd, et. al.), el galán que resulta no ser tanto (Turk), la güera rica que resulta no ser tonta (Elliot), la latina obsesionada por recuperar unas raíces completamente perdidas (Carla), etc... Y de todos estos choques, de todas estas parodias hacia los paradigmas sociales, surge esa risa ambivalente que enseña, que propone nuevas formas de entendernos a nosotros mismos. La complejidad de los personajes, la combinación de éstos con el lugar donde trabajan (un lugar relacionado con la muerte), las amistades y los conflictos crean una serie muy compleja en donde hay burla pero también hay mucho más.
Scrubs, entre otras cosas, enseña que la seriedad y el humor no están peleados, que somos mucho más que una faceta, que estar despiertos y estar dormidos no son cosas tan diferentes y que trabajar e imaginar son cosas igualmente valiosas. Scrubs se burla de muchas cosas y lo hace proponiendo nuevas formas de entender el mundo, nuevas formas de entendernos: parodiar lo establecido, mostrar lo complejos que son en verdad los paradigmas sociales, crear la risa en donde huele a muerte y unir seriedad con humor son sólo un puñado de ejemplos que se me ocurren. Hoy se va este maravilloso programa, pero se va con el recuerdo, con mí recuerdo al menos, y con mi profundo agradecimiento, no sólo por las horas y horas de carcajadas que me regaló, sino por enseñarme que podemos reír cuando sea y donde sea, porque ahí donde existe la risa, la parodia, está la semilla para cambiar lo establecido en este mundo siempre deseoso de establecer la norma y la unidad. Hasta siempre Scrubs.

martes, 23 de marzo de 2010

Tabú

Las groserías son una clase de palabras cuya constitución es bastante particular. No son una clase que se defina por su forma distintiva (como los verbos ar,er,ir); tampoco son una clase que se defina por su función (como los adverbios, hasta cierto punto); tampoco son una clase que se defina del todo por su semántica (aunque claro está que afecta). Las grosería son una clase esencialmente pragmática, esto es, dependen totalmente de que los hablantes de un determinado tiempo y un determinado lugar las consideren como tal, groserías. Un ejemplo: mientras que 'pendejo' en México es una grosería, en Argentina no pasa de ser una palabra común para 'joven'.
Estas palabras tienen dos principales orígenes semánticos: 1) Los tabúes: en especial son importantes los de carácter sexual o de muerte, y 2) Humillaciones sociales: Estas tienen que ver con situaciones o características que son consideradas humillantes en determinadas culturas. 'Prostituta/Puta' (puta madre!) es un oficio mal visto; 'Carajo' era el mástil mayor de un barco- lo cual ya tiene una connotación sexual clara-, pero era, además, hasta arriba del carajo donde amarraban a los marineros castigados, de ahí la frase 'vete al carajo', y esto es, claramente, una situación humillante. Tanto 'pinche' como 'pendejo' se refieren a rangos menores en el aprendizaje -pinche como ayudante y pendejo como niño- lo cual por alguna razón es mal visto en ciertas culturas.
Ahora bien, casi todo el mundo piensa que las groserías son palabras hechas para insultar, para ofender. Es verdad, hasta cierto punto. Las groserías ofenden por su pragmaticalidad: los hablantes dominan lo "ofensivo" de las groserías pues suelen referirse a temas tabúes de la sociedad, esa es la razón por la que cuando son utilizadas en un contexto agresivo tanto el emisor como el receptor dominan su carácter ofensivo. Usadas dentro de un marco contextual, las groserías pueden agredir, pueden ser señal de coraje, de reacción ante una situación adversa, entre otras cosas.
Pero sólo en ciertos contextos son ofensivas. Es por eso que son también un fenómeno muy padre. Las groserías también expresan amistad, familiaridad. Las groserías con amigos no expresan ofensa o agresión sino confianza, incluso cariño. Con mis amigos hablo con groserías y no ofendo, al contrario, me familiarizo. Al usar este tipo de palabras expreso que me siento en confianza para hacerlo; que estoy "entre amigos". Las groserías en contextos amistosos con desconocidos pueden romper ese incómodo hielo que separa. Son, entonces, palabras que unen opuestos, que pueden separar pero a la vez unir. Las groserías son interesantes ya que, entre otras cosas, tienen muchos significados, tienen muchos usos, tienen historia y tienen la capacidad de unir, al identificar, a grupos de personas diversos; las groserías no funcionan igual a las demás palabras pues son, en conclusión, palabras muy especiales.

Nota: Es evidente que cuando hablo del proceso como una grosería llega a serlo hablo del fenómeno conocido como polisemia, la extensión del significado por uso no por derivación fonética. Sin embargo, esto no excluye que la palabra signifique de acuerdo a su situación de uso, o sea, a factores pragmáticos.

viernes, 5 de marzo de 2010

Lexicon Cosri


Imagínese que dos hombres tengan cogido a un puma con dos cuerdas. Si quieren acercarse uno al otro, el puma atacará, pues los lazos se aflojan: sólo si los dos tiran al mismo tiempo , el puma quedará a la misma distancia de uno y de otro. Este es el motivo por el que el que lee y el que escribe difícilmente se acercan: entre los dos, capturado, está el pensamiento común, atado con cuerdas que tiran en direcciones opuestas. Si ahora le preguntásemos al puma, es decir al pensamiento, cómo ve a estos dos hombres, podría responder que los seres comestibles están tirando con las cuerdas de algo que ellos no pueden comer.

-Milorad Pavic-

Esto fue tomado del Lexicon Cosri (Diccionario Jázaro), se trata de un fragmento del prólogo a la edición de 1691 del diccionario editada por Daubmanus. La hemos hallado dentro de un jarrón lleno de sal, junto a una daga.

domingo, 28 de febrero de 2010

Humpty Dumpty

Humpty Dumpty: There's glory for you!
- I don't know what you mean by 'glory', Alice said.
Humpty Dumpty smiled contmptuously. - Of course you don't.- till I tell you. I meant 'there's a nice knock-down argument for you' -.
- But 'glory' doesn't mean 'there's a nice knock-down argument for you'- Alice objected.
-When I use a word-, Humpty Dumpty said, in a rather scornful tone, -it means just what I choose it to mean, neither more nor less -.
- The question is-, said Alice - whether you can make words mean so many different things-.
- The question is-, said Humpty Dumpty - which is to be master- that's all.

Estas palabras de Humpty Dumpty dejan pensando. Y es que el huevo tenía toda la razón. El lenguaje es un lugar en donde las relaciones de poder y de autoridad están presentes y van construyendo la lengua. Ninguna lengua se formó de manera regular, idéntica o invariable entre los hablantes. Siempre hubieron y hay dialectos, entonaciones y variaciones que difieren entre hablantes de una misma lengua. Estas voces diversas dependen de un montón de cosas: desde el espacio geográfico hasta la clase social y la influencia de lenguas extranjeras. Y todas las lenguas han llegado a un punto histórico en el que buscan normativizar el lenguaje; eso es, definir, a través de una gramática, que es lo "bien dicho" y que no lo es. Así pues, se toma una decisión y se fija cuál de estas distintas voces es la "correcta". El problema es que no hay ninguna razón lingüística para decidir, no existe una forma de hablar que sea mejor que las demás, la decisión está en el plano de quién tiene el poder y es la forma de hablar de este grupo de autoridad la que se proclama como "correcta". De esta manera, la relación entre los que hablan "bien" y los que hablan "mal" es directamente proporcional a los que tienen el poder y a los que no.
Y esto es algo que se va reproduciendo una y otra vez. Un ejemplo: los jóvenes mexicanos de clase media-alta detestan el uso de la palabra 'cabello'. Es evidente que esta no es una palabra agramatical, pero la cosa es que mediante el uso o el no uso de esta palabra, los jóvenes deciden quiénes son como ellos y quiénes no. Incluso cuando muchos no se dan cuenta de que lo hacen es algo que pasa. Y es, a fin de cuentas, lo que dice Humpty Dumpty: este grupo a hecho significar la palabra 'cabello' literalmente lo que ellos han querido, 'palabra sinónima de pelo que es utilizada por gente de menor nivel que yo'.
Humpty Dumpty tenía razón. Pero que la haya tenido no significa que deba ser así. Yo en verdad creo que la lengua es uno de esos lugares en donde se puede todo el tiempo subvertir la autoridad. Desafiar el significado, retar lo gramatical y burlarse de lo convencional son formas de buscar que la lengua no pertenezca a un grupo de poder reducido, sino a nosotros los hablantes, los todos-hablantes y no sólo unos. Lo correcto y lo incorrecto no son cosas decididas desde siempre y para siempre, son decisiones. Esas decisiones son nuestras y la decisión, para mí, es no definir lo correcto y lo incorrecto en el lenguaje pues sólo así estaríamos definiendo lo que somos: una pluralidad de voces, una pluralidad de ámbitos.

domingo, 21 de febrero de 2010

Premio al mayor esfuerzo

Siempre me ha parecido interesante esa gama de apertura que se sitúa entre nuestras percepciones como humanos y lo que se nos dice que es "objetivo". Una de las primeras veces que recuerdo haber notado esto fue cuando tuve mi primer reloj (era uno de Mickey Mouse haciendo diferentes deportes). Me acuerdo de estar en el salón de clases de la primaria, desesperado por salir y sintiendo que el tiempo pasaba mucho más despacio de lo que normalmente lo hacía. Volteaba a ver mi reloj cada pocos segundos y un minuto lo sentía como quince y quince como treinta y así hasta que por fin sonó la maldita campana.
¿Cuál tiempo es más real, el que sentimos o el que dice el reloj? ¿Qué tan objetiva es nuestra objetividad occidental? No lo sé pero sospecho que es bastante mediocre. Hoy he estuve leyendo un cuaderno de apuntes de Alfonso Reyes llamado Einstein y en una de las últimas páginas cuenta que "una de las rutas mandarinas más importantes era computada en 193 li [unidad de medida] de norte a sur y en solo 190 li de sur a norte, porque en un sentido se andaba cuesta arriba, y cuesta abajo en el otro" (Reyes, Einstein, p.101). Me pareció maravilloso. Los chinos tomaban en cuenta algo que en occidente sería inconcebible: la dificultad y el esfuerzo. No basta la "distancia exacta" para saber todo lo necesario para hacer un viaje, la dificultad de un camino y el esfuerzo requerido es tan importante como la distancia exacta entre un punto y otro.
A final de cuentas, el considerar la distancia en medida exacta como objetividad es solamente una elección histórica; considerar objetiva la distancia y el empeño lo es también. Pero lo que me gustó es que los chinos prestaran atención a ese espacio que se sitúa entre la percepción y la medida y en ese espacio estaba su objetividad: sabían que en la percepción del hombre es más difícil un camino cuesta arriba y que se gasta más energía física y mental en éste; sabían también la medida en lis entre un punto y otro. Y esos tres lis de diferencia entre el norte-sur y el sur-norte representan esa gama de apertura que se abre entre dos formas de interpretación del mundo, la de la medida y la de la percepción.